Retratos de Tina
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A un mes de haber perdido casi hasta la identidad me voy reponiendo del enojo y el susto de haber sido asaltada junto con Anaís en el camino a casa. Regresábamos del trabajo y a veinte metros de la puerta, los ladrones nos quitaron todo; hasta mis llaves se llevaron. No fuimos golpeadas, pero nos manosearon to no end hasta que Anaís comenzó a llorar y nos aventaron contra la pared.
Sin manera de entrar al departamento, pedimos ayuda a los vecinos quienes nos dieron hospedaje y nos ayudaron a calmarnos. Las dos temblábamos y Anaís lloraba sin parar.
La llamada a la policía fue un suplicio, nos preguntaron hasta lo que habíamos desayunado esa mañana y si habíamos solo visto a los ladrones o estábamos relacionadas con ellos ¿Cómo es que en los centros de atención a emergencias te tratan como criminal o como si fuera un tremendo inconveniente el atenderte? En el tiempo en que yo pude reportar el asalto a la policía, seguramente habría podido llegar hasta mi tío artrítico a mi auxilio.
En el momento del atraco me quitaron la cámara, la cartera, las credenciales, mis licencias y hasta ese reloj que no valía ni cien pesos. Haciendo cuentas sobre las pérdidas me comienza a invadir una especie de pánico. Mi madre me dice que “por lo menos no me pasó gran cosa, que las cosas materiales son sólo cosas que se reemplazarán” y tiene razón. Es una lástima que mis jefes no piensen lo mismo y un porcentaje del seguro –de la cláusula del contrato que no entendí- lo deba pagar yo misma de mi ya raquítico salario.
Tarea 1: Sanar el descalabro.
Pasan las semanas después del asalto y yo me siento indescriptiblemente sucia. No logro entender porqué me siento responsable de haber sido atacada.
Me trato de inscribir online a una clase de defensa personal para mujeres que Anaís, en su nuevo modo de paranoia, ha buscado para nosotras. Frente a mi negativa a dejarme golpear por más extraños, decido tomar el plan complementado con yoga a ver si le bajo dos rayitas a la neurosis.
Se deberían poder deducir de impuestos las mensualidades del gym.
Después de la primera clase tomo mi tapete de yoga y lo arrastro entre maldiciones hasta el vestidor mientras se me ofrece un paquete de “vida en equilibrio y relajación” para promover actitudes positivas.
Seriously, si el universo hubiera querido que yo fuera positiva no me hubiera dado Twitter. #Equilibramesta
Tarea 2: El que se enoja, pierde.
Medio sobreviviendo al México ganador. Mi margen de relajación se reduce a cero. Hasta la tortilla esta casi de a peso por pieza y yo no puedo cobrar la quincena en los bancos que nunca tienen efectivo.
No solo he perdido mucho, sino que sigo atorada en la pérdida de tiempo que ha resultado ser el haber puesto un reporte del asalto. Literalmente sale más rentable el no hacer denuncias. Me citan a declarar y nadie llega a tiempo, me citan a hacer papeleos y me piden dinero por debajo de la mesa para acelerar el proceso, me cita el abogado- ese sí muy puntual- para decirme que como ya no se me nota el golpazo que es mejor dar mordida para que me den los documentos y yo pueda salir bien librada del asunto del seguro. Resulta que yo tengo que probar que fui asaltada para que los del seguro no me cobren el equipo que me robaron.
En definitiva: deberían encerrar a todos esos malditos ladrones que nos quitan nuestra libertad. Deberían empezar por esos ladrones aviadores que se dedican a cobrar en las oficinas públicas solo siendo engrane de la impunidad.
Sale muy caro ser víctima en el México Ganador.
Tarea 3: El corazón destripado
Me encierro los fines de semana a lamentar la pérdida de mis salarios a causa de la pérdida de mis cosas. Al final me lamento por tener miedo de salir a la calle.
Refugiada en las canciones de Camila, la cursilería se escurre por las ventanas abiertas que dejan entrar el calor primaveral. Los vecinos me ayudan a poner protecciones en la puerta y me enseñan a usar un sistema de alarma. Sospecho que tanta seguridad un día de estos me hará pasar la noche en la calle. Lo veo venir.
Felipe Calderón asegura que menos los 36 mil ejecutados vamos a toda máquina. Aún si le decimos bonito al México de las actitudes positivas, nos llenamos de sinónimos, nos desborda este universo de reglas sin autoridades, obligaciones sin garantías, sacrificios de unos muchos y privilegios de unos pocos. Así sí que camina la máquina … al vapor.
Levanto la vieja cámara para retratar a Anaís. Los días ceden y la luz de primavera se va haciendo hasta de mis inseguridades. No es perfecto el mundo, no estamos en un país que garantice seguridades a sus ciudadanos, no estamos donde nos gustaría estar, sin duda.


















