Osama muere y la celebración a la barbarie
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Pues estaba desarmado. Este domingo Barack Obama anunció a la nación, y al mundo, que “Los Estados Unidos han matado a Osama bin Laden”. Después de una larguísima búsqueda y casi 10 años después desde los ataques a las torre gemelas en Nueva York, el ejército estadounidense halló al enemigo público número uno a las afueras de Islamabad, capital de Pakistán. De acuerdo con Obama “se ha hecho justicia”.
Eric Holder, Fiscal General de los Estados Unidos, salió a defender el asesinato de bin Laden como un acto “apegado a Derecho” y, ante el Senado, añadió: “era el líder de al Qaeda, una organización que condujo los ataques del 11 de septiembre. El admitió su participación […] Era una misión de matar o capturar […] Así que se justifica como un acto en defensa propia de la nación”. Toda una joya esta declaración.
Pero la presión de los medios ante la secrecía de las fotos de bin Laden muerto ha provocado que otros, como el vocero de la Casa Blanca, Jay Carney, nos deleiten con sus luces en Derecho y ética. Carney aseguró este miércoles en la mañana que “no hubo otra opción. Nosotros queríamos detenerlo, pero la operación se puso en riesgo […] La esposa de Bin Laden intentó abalanzarse sobre los efectivos estadounidenses cuando en la noche del domingo irrumpieron en la habitación en la que estaba el líder de Al Qaeda”.
Una de las fases más controvertidas de este proceso fue la decisión de arrojar el cuerpo de Osama al mar, siguiendo, según el vocero, las tradiciones islámicas. En un arranque de patriotismo y ante la insistencia de los medios en esta cuestión, Carney dio a entender que se le había tratado con mucho más respeto de lo que bin Laden trató a los norteamericanos. Con una expresión de yanqui súper nacionalista, la casa blanca, así, nos dice que los derechos humanos no aplican a todos, sólo para los que ellos gusten.
El hecho no es menor, hace unas semanas el gobierno chino recriminó al Departamento de Estado de EU por las acusaciones, ya bastante recurrentes, sobre violación a derechos humanos. Dicen que el buen juez por su casa empieza, pero para qué buscarle, la hipocresía de nuestros gobernantes es de todos conocida. Y precisamente por eso, los líderes alrededor del globo no esperaron mucho para congratularse entre ellos la afortunada masacre del terrorista, todos ellos compartiendo, seguramente, la misma concepción de justicia, o mejor dicho, venganza. Israel, el Reino Unido, India, Pakistán, Francia, todos felicitando a los EE. UU. Por la ¿exitosa? campaña. Y claro, ahí estuvo Felipe Calderón, asesino de otros cuantos miles, felicitando a su homólogo. Dios los hace y ellos se reconocen las muertes.
Pero la guerra no termina, no señores. El asesinato del líder terrorista no garantiza la seguridad de los belicosos yanquis, siempre habrá alguien amenazante, alguien que “podría” tener armas de destrucción masiva o un reloj Casio para armar una bomba. Y para que no nos vayamos aliviando, la Interpol ya lanzó una alerta mundial por posibles represalias tras la muerte de bin Laden. Después de todo “the greatest nation on Earth” no puede darse el lujo de caer en otra crisis, sino por el contrario, y es que la guerra sí deja, y mucho ¿qué sería de los pobrecitos estadounidenses sin tantas armas circulando por el mundo?
AP reportaba hoy que el señor Obama aumentó su popularidad entre la población estadounidense 9 puntos porcentuales. Así de ignorantes, así de poderosos. La noticia produjo en los americanos una suerte de nacionalismo que como pocas veces, al menos en los últimos años, los llevaron a salir espontáneamente a las calles a celebrar. La muerte de Osama bin Laden no podía pasar desapercibida en el yanqui de a pie, ese que de verdad cree que Dios bendice a los EE. UU. y que las guerras que libra su gobierno son por el bien del mundo y hasta del universo. Una aberración de tales dimensiones tenía que ser televisada, y ahí estábamos todos, siendo espectadores de la decadencia, de la inhumanidad, de la ignorancia de algunos yanquis en Times Square y en Washington, celebrando la muerte de uno que trae detrás decenas de miles más.
La barbaridad sigue distinguiéndonos como la especie más deleznable que existe. Siglos de guerras, de filosofía, de avances tecnológicos y científicos, de apertura social, de conciencia ecológica, de reconocimiento de derechos se reducen cuando la nación autodenominada “civilizadora” actúa con tal desdén hacia la vida y con tal admiración hacia la barbarie. Es cierto que el progreso es el proyecto de la Humanidad, pero sólo eso, el proyecto.
Pascal decía: “…fue por una prerrogativa especial, no sólo que cada uno de los hombres haga de día en día avances en las ciencias, sino que todos juntos experimentan un progreso continuo a medida que el mundo envejece […] Toda la sucesión de los hombres en el curso de los siglos debe considerarse como un mismo hombre que pervive eternamente y que aprende sin cesar.” ¿Y para cuándo? ¿Cuándo aprenderemos a no celebrar nuestra estupidez, sino a corregirla? Porque sí, Osama causó dolor y terror por 23 años, desde que fundó al Qaeda en 1988, pero ¿durante cuánto tiempo Estados Unidos ha aterrorizado y causado dolor a cientos de miles en todo el mundo?


















