Guerra y Silencio
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El ejército invasor estaba en los límites de la ciudad. Los habitantes respiraban el miedo en el ambiente mientras desconocían el paradero de sus siempre-presentes dirigentes que exigían el tributo anual por vivir en la capital del país. Los generales obedecían a regañadientes las decisiones del estado mayor aún cuando las banderas, y cañones, del enemigo se apreciaban a simple vista. La derrota era inminente pero allá arriba, desde la cúspide de lo irreal, seguían emitiendo la orden de enfrentar al invasor sólo si este “disparaba primero”. La Estrategia lo era todo y el Generalísimo era infalible, cuestionar este dogma de fe era motivo de juicio expedito por traición, no a la patria, sino a la divinidad del semidiós en turno. Poco después El Castillo cayó, el país se perdió y nuestros ancestros hicieron honores a otra bandera mientras los infalibles, los estrategas, huían más rápido que un avión cayendo en picada en Reforma.
Así, con ese mismo espíritu de terquedad criminal y de autosuficiencia, los estrategas se reúnen en Chapultepec (escenario histórico de derrotas y sumisión ante el poder extranjero) para dialogar acerca de lo que evitaron planear hace cinco años y que ahora parece ya muy tarde: la estrategia del combate al crimen organizado y el narco. Sin entrar al absurdo que sería analizar esta farsa demócrata basta con señalar que los nuevos traidores al país han llegado a la misma conclusión que aquellos que huyeron una vez que no pudieron terminar lo que iniciaron y es: “La estrategia es la correcta, la realidad es cosa de locos”. Resulta curioso como ciertos vicios históricos los vemos repetidos una vez más, con distinto nombre, con distinto uniforme, pero con la misma pretensión soldadesca que sólo los diminutos tiranos disfrutan ejercer.
Debido a lo anterior es posible explicar la reciente práctica de criminalizar las expresiones ciudadanas destinadas a salvaguardar la seguridad que el estado es ya incapaz de proporcionar. Tendríamos que redefinir ciertos conceptos que ya dábamos por sentados; por ejemplo: “Terrorismo” en México significa alertar a la ciudadanía de situaciones de riesgo que el gobierno no impide ni tiene la capacidad de hacerlo; así también podemos definir “Justicia” como el acto bajo el cual un culpable de corrupción es liberado sin mas consecuencias y de forma expedita. Es claro que el gobierno, y sus elementos humanos, están nerviosos y suceptibles a lo que en Internet se diga de ellos y de sus ineficiencias, corruptelas, crímenes y demás catálogo de bajezas. Por ello han de defender su “derecho a censurar” las expresiones que emanan con la misma intensidad con la que los cuernos de chivo hacen patentes su superioridad antes las “fuerzas del orden”. Que haya sido Javier Duarte, el gobernador de Veracruz, quien haya lanzado la primera orden de persecución en contra de esos atrevidos que no tienen la “cualidad” de callarse es también reflejo del Viejo-Nuevo PRI, pero sobre todo la debilidad de un hombre que en su estado natal no pasa de “títere” de Fidel Herrera (según otras expresiones populares) y ante quien gusta de mostrarse igual de “duro”, para lo cual todo aquello que significa una amenaza a su labor administrativa, de facto la transforma en una cruzada puramente personal. Así Javier Duarte manifiesta su debilidad: se da por amenazado ante dos ciudadanos que tuvieron el valor de informar a sus vecinos del peligro real que cunde por las calles veracruzanas. Y no es exageración alguna el alertar de los fehacientes hechos de violencia que viven a diario los ciudadanos de Veracruz. Las alertas por secuestro de jóvenes de secundaria y preparatoria van más allá de internet ya que es posible constatar los anuncios de desapariciones de estudiantes cuyos fichas de identificación es posible encontrarlas dentro y fuera de los planteles. Si eso es también considerado “terrorismo” pues entonces debemos encontrar otro sinónimo para “Gobernante Cínico”.
También debemos considerar si Javier Duarte está padeciendo cierto secuestro “mental” por el narco, ya que sus declaraciones y reacciones responden al Síndrome de Estocolmo; de ser así sería fácil explicar su insistencia en dejar que asesinos y narcotraficantes anden libres como no lo están los críticos a su administración.
Los ciudadanos estamos advertidos: el gobierno se siente amenazado y no tendrá reparos en silenciar, por cualquier medio, a aquellos que ejercen, por los medios al alcance, la libertad de expresar su desacuerdo a la guerra, su desconocimiento del gobierno y su demanda de paz. Ellos insisten en hacer la guerra, y tal parece que ahora nosotros somos el enemigo, tampoco es raro, ahora buscaran a alguien a quien sí puedan ganarle, ya que con los otros no pueden.
Twitter: http://twitter.com/Morf0


















