Fotografía del metro capitalino: Vendedores, el Faquir y los niños cantantes
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El largo recorrido de poco más de cuarenta y cinco minutos que dura el viaje en la línea 2 del metro de la llamada: "Ciudad de la Esperanza", se convierte muchas veces en un reflejo de la cruda realidad que representa la falta de oportunidades y motivación para una tribu olvidada, por los milagros izquierdistas de la capital.
Dos niños con guitarra en mano interpretan melodías que nada tienen que ver con su corta edad, explotados del mismo modo que los pequeños gigantes del programa de televisión, obvio, sin el "glamour" del canal de las estrellas. Otro chamaco vende cuadernos a 10 pesos. Es la temporada vacacional, y en vez de encontrarse desarrollando algún pasatiempo, enrolados en algún curso de verano, o simplemente sacándose los mocos en la comodidad de su hogar, se ven obligados -muchos de ellos- a tener que emplearse en la informalidad, que recorre estación por estación, dicho sea de paso, no solo en la mencionada línea del metro.
Venta de discos compactos piratas, así como de una infinita gama de artículos: plumas, cintas métricas, periódicos, libros para iluminar, "pelotas de moda" hechas a base de boligoma -entre muchos otros productos-, hacen de esto una forma de vida subterránea. Muestras de la economía informal imperante en el Distrito Federal. La mayoría de los vendedores, no rebasa los 25 años de edad, o por el contrario, gente que no puede conseguir empleo por ser mayor de 40 y contar con estudios que, muchas veces, no llegan ni a la preparatoria. Una mujer, literalmente, con un hijo colgado a su pierna es una fotografía común en los viajes. Tan común que ya a nadie sorprende ni provoca reflexiones.
El trayecto también incluye la venta de libros de superación personal, a la que paradójicamente, le sigue la demostración real de un faquir; El acto es: arrojarse a una manta de vidrios. Aquello se convierte en una arena de circo. El procedimiento es el siguiente: primero, da una justificación del acto, argumentando que prefiere hacer eso a estar robando o asaltando; posteriormente se arroja con violencia sobre el trapo con vidrios, los cuales, obviamente provocan heridas en su ya de por si lastimada espalda; se pone de pie y ofrece unas palabras al muchas veces conmovido espectador involuntario; para finalizar aconseja: "Cuiden a sus hijos, no los avienten a las calles"... A dicho acto siguió uno muy curioso. Un pasajero, que siempre se mantuvo atento, interrumpe abruptamente y dice, refiriéndose al joven faquir: "Yo te aconsejo que como vives en la calle, no tengas hijos, no los traigas a vivir este infierno"... El muchacho con su espalda ensangrentada descendió en la siguiente estación, pero mirando al señor con una sonrisa en la cara dijo: "Ese si es un buen consejo".
Estas son algunas fotos de la ciudad, las más duras, las historias donde la izquierda no tiene definición y queda solo como discurso.


















