El universo paralelo del e-G8
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John Perry Barlow, cofundador de la Fundación Frontera Electrónica, describió en Twitter la polémica en torno a la cumbre del e-G8. Dentro de 140 caracteres fascinó citando al presidente francés: “El internet es la nueva frontera, un territorio por conquistar” y añadió: “Y estoy en Paris para detenerlo”.
Durante la apertura de esta cumbre en la capital francesa, Sarkozy dijo que ésta era una oportunidad única de los principales actores en el desarrollo de las tecnologías de información y comunicación para encontrarse con los líderes estatales, “De esta manera podemos saber qué están haciendo… y ustedes pueden saber que pensamos”. Es obvio que la antesala del G8, cuyo tema es precisamente las nuevas tecnologías, está planeada para aumentar la regulación gubernamental sobre los contenidos en internet.
También señaló: “Necesitamos hablar con ustedes. Necesitamos comprender aquello en lo que ustedes son expertos, sus esperanzas… y ustedes tienen que saber nuestros límites y nuestras líneas rojas”. Sarkozy no está solo. Hace unos meses, la senadora Dianne Feinstein, miembro del Comité de Inteligencia del Senado de Estados Unidos, señaló que no vieron venir lo que estaba pasando en Egipto debido a la poca atención que le prestaron a Internet, pero ante la pregunta de un reportero sobre si se trataba de una “falla” de inteligencia advirtió: “Lo llamaría un gran despertar de la inteligencia… El material Open-source tiene que ser mucho más significativo en el análisis de inteligencia.”
Si es que millones de jóvenes comunicándose por Twitter o Facebook no estaban aún en el radar del autoritarismo disfrazado de democracia, ahora ya lo están. La prohibición de estas herramientas durante los levantamientos en Libia, Bahréin o Yemen habla del pánico que provoca la libertad “excesiva” en internet a nuestros gobernantes. Si bien los medios electrónicos no pudieron provocar por sí solos los movimientos en Medio Oriente y el norte de África, no quiere decir que no hayan sido una herramienta importantísima. Estos son aun movimientos de la gente, de los jóvenes, no de Twitter, ni siquiera de Al Jazeera, aunque, de no haberlos tenido, hoy Túnez sería otro Siria y Egipto otro Libia.
Al calor de las manifestaciones en el mundo árabe y los masivos crackdowns de la red global, Hilary Clinton salió a decir que cualquier intento por reprimir la libertad en internet “fracasará”. Puede ser que ya hayan encontrado el modo. El e-G8 no es más que el primer paso hacia la censura de las iniciativas ciudadanas que encuentran en internet la primera plataforma realmente libre de expresión. Es por esto que Sarkozy ha sentenciado que el internet no puede convertirse en un “Universo paralelo” o un remplazo de la democracia tradicional: “Los gobiernos son los defensores legítimos de nuestras sociedades, no olviden eso… Tenemos que asegurarnos de que el universo del que ustedes son responsables no sea un universo paralelo fuera de las leyes y la moral.”
Seguramente en nombre de las leyes y la moral es que el ejército estadounidense contrató a United States Central Command (Centcom) con el propósito de crear “personas” en Twitter y Facebook para espiar y manipular el movimiento en estas redes sociales. Según reportó el diario The Guardian, el software de Centcom permite a cada agente infiltrado controlar hasta 10 “personas fake” o “títeres”, principalmente en Medio Oriente, y no sólo usan el idioma inglés, también manejan el árabe, farsi, urdu y pashto. Más cínicos son otros gobiernos como China o Cuba, quienes no tienen empacho en prohibir el acceso a los “medios occidentales” o simplemente bloqueado palabras como “Egipto” en los distintos buscadores.
Los cómplices y los no tanto.
Alrededor de 1500 invitados asisten a este primer foro del e-G8, que se llevará a cabo durante dos días y que sirve de antesala a la reunión del G8. Entre los invitados encontramos a Eric Schmidt, presidente ejecutivo de Google, Jimmy Wales, fundador de Wikipedia, John Donahoe, presidente de eBay, Mark Zuckerberg, fundador de Facebook.
Eric Schmidt reafirmó su línea antiregulatoria de la semana pasada en el evento Big Tent en Londres: “Antes de decidir si necesitamos alguna solución regulatoria, preguntémonos si hay una solución tecnológica sobre la que todos podamos trabajar. Nos moveremos más rápido que cualquier gobierno”. Por supuesto fueron estos comentarios, y no los de Sarkozy o Christine Lagarde (ministra de finanzas de Francia y virtual directora del FMI), los que recibieron los aplausos.
Pero no todos tienen una posición política en pro de la libertad, sino en pro de sus bolsillos. Decisión totalmente válida en tanto entes privados, pero no por ello libre de críticas, pues a pesar de la popularidad de Zuckerberg, en las coloridas oficinas de Facebook ya se plantea la restricción de contenidos voluntaria para poder entrar al mercado chino. Adam Corner, lobbyist de Facebook, fue entrevistado por The Wall Street Journal durante la visita de Barack Obama a las instalaciones, y señaló que: “Tal vez bloquearemos contenidos en algunos países, pero no en otros… A veces estamos enfrentando posiciones incómodas porque ahora permitimos, quizás, demasiada libertad de expresión en países que no la han experimentado antes.”
La relación entre activistas prodemocráticos y Facebook no ha sido la mejor. En marzo pasado cerró una página que llamaba a una protesta en Palestina contra Israel después de que 350 mil personas se unieran al grupo. En Diciembre del 2010, durante las manifestaciones universitarias en el Reino Unido, Facebook cerró decenas de páginas como Stop the Cuts, Tower Hamlet Greens, London Student Assembly, Southwark SoS y Bristol Uncut. Pero ¿Les podemos reclamar?
No. Jillian C. York, director de libertad de expresión internacional en la Fundación Frontera Electrónica, aclara que “Facebook no es un espacio público, ni siquiera porque 500 millones de usuarios lo manejen así – es una empresa privada con la libertad de hacer lo que quiera, usar nuestra información, vendérsela a anunciantes o eliminar las fotos de nuestros amigos y familiares”. De hecho, Facebook se negó a firmar la Global Network Initiative, iniciativa que reta a los gobiernos autoritarios al establecer la mayor libertad de expresión y protección de la privacidad posibles. A esta iniciativa se han suscrito empresas como Microsoft, Yahoo y Google, además recordemos que durante los shutdowns en Egipto, Twitter y Google innovaron al poner a disposición de los activistas el Speak2Tweet, herramienta que permitía “postear” desde los dispositivos móviles mediante un SMS.
Internet no sólo permite a activistas de cualquier parte del mundo difundir ampliamente su mensaje ideológico, también sus programas y planes organizacionales. Los e-mails, las redes sociales y los videos en YouTube están cambiando la forma de hacer activismo, y los gobiernos se están preocupando. La era 2.0 está a punto de comenzar la fase de las restricciones. El e-G8 no nos debe pasar desapercibido, los regímenes pseudo democráticos se están dando cuenta de los serios costos que les podría traer el no regular de inmediato los contenidos. Antes pudieron controlar la Radio, la Televisión, ahora van por el Internet, por mucho la herramienta más útil de la libertad.
¿En nombre de la propiedad intelectual y los derechos humanos?
Pensar que se debe criminalizar a quien descarga una canción sin pagar por ello es una falacia. El Copyright es un derecho humano, lo cual no implica que el comprador (el agente pasivo) deba sufrir un castigo. Al igual que en la piratería de CDs, películas o juguetes, el comprador no es culpable, sería penalizar el acceso a la cultura y el entretenimiento, otro derecho humano. Es el sistema de corrupción, quienes clonan y distribuyen, los que están pésimamente regulados. No nos dejemos engañar, defender el copyright es sólo la fachada para controlar el activismo y la producción de contenidos independientes que desafían revolucionariamente la monopolización política y cultural. Si el e-G8 acepta y los usuarios no hablamos, mañana los gobiernos podrán poner diques a este mar de ideas.
En un estudio sobre los nuevos conflictos cibernéticos de la Air University (de la Base de la Fuerza Aérea de Maxwell), Chris C. Demchak y Peter Dombrowski afirman: “Hoy estamos viendo el comienzo de fabricación de fronteras a través de las naciones del mundo. De la intención de China para crear su propia Internet interna controlada, a cada vez más control de acceso a Internet en los Estados menos democráticos, al aumento de los filtros y reglas en las democracias occidentales. Los Estados están estableciendo los límites de su control soberano en el mundo virtual de la seguridad y la sustentabilidad económica…”Today we are seeing the beginnings of the border-making process across the world’s nations.
From the Chinese intent to create their own controlled internal Internet, to increasingly controlled access to the Internet in less-democratic states, to the rise of Internet filters and rules in Western democracies, states are establishing the bounds of their sovereign control in the virtual world in the name of security and economic sustainability…
The consensus among states changed after Stuxnet.
If such malicious software can take down whole energy systems at once, states have no choice but to respond if they are to protect their own governmental and military operations and uphold their responsibility to protect citizens and corporations.
The Stuxnet method and its success thus changed the notion of vulnerability across increasingly internetted societies and critical infrastructures.
The days of cyber spying through software backdoors or betrayals by trusted insiders, vandalism, or even theft had suddenly evolved into the demonstrated ability to deliver a potentially killing blow without being anywhere near the target.
Forcing nuclear centrifuges to oscillate out of control from an unknown and remote location suggests that future innovations might be able to destroy or disrupt other critical infrastructures upon which modern societies depend.


















