El Mythbuster mentiroso: Poiré y su cuento digital
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Hasta el sujeto más conforme sueña eventualemente con la desobediencia. Los psicólogos lo saben, y la propaganda también. La libertad adquiere así valor persuasivo, como en tantas campañas publicitarias. La idea de amenaza a la libertad explota la pulsión “rebelde” del individuo, la sensación de independencia, la identificación del opresor que quiere cerrar la jaula y tragarse la llave, la batalla contra él. Esta estrategia ha sido desarrollada por los regímenes establecidos cada vez con mayor eficacia: a las posiciones disidentes se les presenta como el tirano, y a los poderes fácticos y al Estado, como la resistencia… Voilá! Difícil de creer, pero posible gracias los medios de comunicación audiovisuales que, en palabras de Virilio, después de todo son deudores del ilusionismo decimonónico… De esta forma son “denunciados” los dictadores que limitan nuestros derechos como el SME y su peligrosísimo arsenal de tiendas de campaña, las marchas, los plantones, los maestros y otros enormes abusivos que se apropian las calles y quieren someternos…
Este método de transferencia de cualidades logró en el 2006 un ensayo magistral, y sigue aplicándose cotidianamente en la agenda mediática de los intereses dominantes con resultados exitosos, a través de analistas “liberales” que dirigen periódicos de modestos nombres como “La Razón”. Los mandos del establisment secuestran el pensamiento crítico e intentan tejerse un halo contestatario que, ridículamente, funciona para un amplio sector. En esta tendencia Alejandro Poiré nos da lecciones de “desmitificación”. No obstante el haber recurrido en las redes sociales a una frase de J.F. Kennedy para respaldar la nueva campaña de propaganda que el Gobierno Federal lanza por internet, la palabra “mito” fue introducida en el alegato del secretario técnico como eufemismo de vil mentira, implicando de nuevo el descrédito de quienes se oponen a las acciones del ejecutivo. “Argumentos, opiniones, frases hechas y lugares comunes que hay que desmentir.” Todos falsos, por supuesto, y peligrosos porque conducen a un “laberinto” del que pareciera no haber salida o, peor aún, a “salidas falsas” que impiden construir una seguridad basada en la “crítica y la discusión”. Ese es, en síntesis, el modo despectivo en que la administración actual expone ante la opinión pública los cuestionamientos que se le han hecho, sin explicar muy bien cómo construirá algo sobre “la crítica y la discusión” desde la descalificación a priori de las ideas contrarias, a las cuales apenas les concede el rango de razonamientos…
Dichas afirmaciones son peculiares, por que el mito es precisamente “apodíctico”, se presenta como una declaración contundente que rebasa la explicación, muy semejante al comportamiento de las premisas del “video blog”. Para Roland Barthes, el mito es un habla despolitizada que fundamenta como dado de antemano, como natural lo que tiene origen en la dimensión histórica de las relaciones y las ideas humanas. Por ello su función es reducir, simplificar la complejidad y liquidar la contradicción para inmovilizar los órdenes existentes. Aquí, la politización se entiende como transformación de la realidad operando sobre ella, la posibilidad de escapar hacia otras formas de existencia. La politización deviene así en abolición del mito, es la subversión ante lo imperante que mitifica, que fabula para detener el cambio. Las acciones colectivas, las movilizaciones, la protesta activa que se dirige a transformar imposiciones justificadas en la “democracia” (mito interesante), suponen la desmitificación de las narrativas propagadas por los medios. De ahí la urgencia del poder en turno por, una vez más, invertir los lugares y atribuirle la producción de distorsiones de lo real a la inconformidad, cuando la lógica de esta última consiste uprecisamente en lo contrario. Según Barthes, el mito en la izquierda es inesencial, ineficaz, accesorio, y difícilmente se expande o instala a no ser que la izquierda renuncie, como en el caso del estado soviético, a sus contenidos de insurrección una vez institucionalizada, velada a sí misma. En la derecha no. En la derecha el mito es esencial y lo copta todo. Es la dinámica misma de la ideología y la prolongación de sistema dado.
El rechazo disimulado de las voces opositoras es acompañado por una actitud tutelar que soslaya la capacidad intelectual de una sociedad tan diversa como golpeada en la mayoría de sus integrantes, a quienes se invita en el “recorrido virtual” de Poiré a una especie de adoctrinamiento soft que deje en claro “de una vez” lo que “El Equipo” no pudo. La postura del gobierno hacia la gente también se clarifica: La gente necesita que la lleven por el camino correcto. De nuevo se transfieren las características del poder a la disidencia de una forma desafortunada, echando mano de un concepto que pone de manifiesto la autoclausura del gabinete ante procesos de descomposición patentes, mismos que en los últimos días han evadido con declaraciones de franco descaro. Las múltiples aristas de la estrategia contra el crimen que el video describe mediante un comic, no son las más defendidas por Felipe Calderón, cuyo discurso, sometido al análisis más elemental, otorga evidente preeminencia a los intentos de legitimación del uso de la fuerza armada, lo cual no le favorece mucho a la ciber- propaganda oficial de final de gestión. El mito, de todas formas, releva al sujeto de la explicación racional. Es ahí donde radica su peso: provee certidumbre, aleja de la duda. Con eso cuenta Alejandro Poiré. Sólo que una frase de Barthes no permitiría ver, como él quisiera, fantasías infundadas en el descontento: “Estadísticamente, el mito se encuentra en la derecha.”


















