Dios bendiga a México
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Como homenaje a la muerte de Jesús hoy los mexicanos comenzamos una semana de vacaciones, siete maravillosos días de asueto que se suman a los muchos otros días en los que descansamos, bebemos, festejamos, dormimos, vamos al cine, a la playa y de vez en cuando a la iglesia. Gracias a Dios y a su enviado a la Tierra pecadora podemos visitar Acapulco para disfrutar de las maravillas que se encuentran en este lugar, por ejemplo, los grandes hoteles costeros que destruyen el paisaje, las playas llenas de basura (no radiactiva, no estamos tan jodido como en Japón), y si tenemos suerte hasta nos toca presenciar una balacera, consecuencia de esta guerra que según el lustre Moisés Naím, debería ser de todos.
Gracias a Dios esta semana podemos ir a Los Cabos, ahí cerquita del aeropuerto privado Las Arenas, propiedad de un narcotraficante condenado en Estados Unidos, pero que sigue funcionando con toda normalidad. Gracias a Dios podemos ir a Cancún y sentirnos completamente seguros con los ochenta policías que trabajan para el gobierno del estado y los Zetas. Gracias a Dios podemos ir a Huatulco, pero obviamente bien tapaditos o podemos herir sensibilidades allá arriba, no en el cielo, sino en la cabecera municipal, nada de biquinis, nada de minifaldas.
Pero Jesús nos dejó más que unos cuantos días para festejar su sufrimiento. En una más de sus sabias decisiones, tuvo la brillante idea de dejarnos a un representante suyo acá con los mortales. Las funciones de éste sería llevar su palabra a todo el mundo y, de pasadita, recaudar millones y millones en limosnas, ¡que tarea tan pesada! afortunadamente hoy tenemos comunicaciones satelitales y no es necesario que el Primer Ministro del cielo se ensucie los zapatos yendo a países pobres, y claro, de recaudadores no estamos faltos.
Benedicto XVI ha quedado algo mal con sus seguidores tercermundistas pues no se ha presentado tantas veces como su predecesor, sin embargo tuvo a bien invitar a nuestro presidente a la beatificación de Juan Pablo II en el Vaticano durante los primeros días de mayo. Con gusto, presidencia respondió afirmativamente a la invitación. El jefe de nuestro Estado laico estará presente es este bonito ritual que no sólo celebran millones de fieles, sino también los beneficiarios del comercio ilegal chino, quienes frotándose las manos ya deben estar pensando en instrumentalizar a la mano de obra casi esclava, para mandar embarques y embarques hacia México con imágenes del señor enmarcadas, en velas, en cadenitas, y en infinidad de productos que sólo Dios sabe cómo llegan a todos los mercados de México sin que ninguna autoridad lo impida.
La última vez que Calderón visitó el Estado Vaticano, en 2007, aclaró que fue “complejo separar el cargo como presidente de la República con las propias convicciones y emociones”. ¿A qué se refería? Quizá se abstuvo de besar el anillo papal como alguna vez lo hizo esa caricatura llamada Vicente Fox. Pero en realidad no tiene que preocuparse por la percepción de “sometimiento” o “sumisión” ante otro jefe de Estado, si los mexicanos perdonaron mediante el silencio el programa Rápido y Furioso, ya perdonan cualquier otro tipo de entreguismo.
No quiero aquí resaltar las virtudes de “El Papa viajero” porque estoy seguro que nuestras televisoras se encargarán de poner en la pantalla mil y un motivos para adorar a este señor. Durante el papado de Wojtyla encontramos momentos de gozo para los diabólicos ateos, eminentemente el encubrimiento de la red de pederastia clerical a lo largo y ancho del globo. Uno de los que destacan en esta lista de orgullo es el mexicano Marcial Maciel. Los voceros del Vaticano insisten en que el Papa no sabía nada, probablemente se encontraba demasiado ocupado con la contabilidad de las generosísimas limosnas de Maciel como para ocuparse de violaciones sexuales.
Bueno, ¿quién soy yo para cuestionar a quién hacen santo y a quién no estos señores del bien? Después de todo, frustrar la vida de cientos de niños no es impedimento para beatificar, basta demostrar que los científicos son unos ineptos para explicar “milagros médicos”, y como es obvio que Juan Pablo II habló con Dios para que se apiadara de una desahuciada, el próximo primero de mayo el mundo celebrará tal acto de piedad.
Y ¿de qué conversarán, si es el caso, Felipe de Jesús Calderón y Benedicto XVI? Me parece que el Papa le debe un gran agradecimiento al presidente mexicano, pues a pesar de que en los gobiernos panistas han perdido más de 4% de fieles, el ahínco con el que han trabajado para reducir el laicismo a su mínima expresión es extraordinario. O de qué otra forma explicamos el impune desvío de recursos públicos para pagar limosnas por parte del gobernador de Jalisco, Emilio González Márquez; o que no se haya castigado al vocero de la Arquidiócesis Primada de México, Hugo Valdemar Romero, quien violó la ley electoral al llamar a votar contra el Partido de la Revolución Democrática; o que el IFE declarara inocente al cardenal Juan Sandoval Iñiguez tras acusar al jefe de Gobierno Marcelo Ebrard de corromper a los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Creo que también le debe las gracias a un Calderón que premia a la educación privada, en gran medida educación religiosa, por encima de la pública y laica. Además de que Gobernación pase por alto una y otra vez la intromisión de los jerarcas católicos en la vida política del país. Recordemos a este efecto las palabras del cardenal Norberto Rivera Carrera cuando pidió a los feligreses llevar los preceptos católicos a la política, la economía y los programas sociales, y no disociar la práctica religiosa personal de la actuación pública, ya que “nadie nos puede callar en temas como el matrimonio y el aborto”.

















