Ley de Seguridad Nacional: lecciones no aprendidas
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“El único freno posible a la irracionalidad de la clase política tiene que ser así, una vez más, el pueblo organizado, que una y otra vez le espete al gobierno de Felipe Calderón y a sus políticas de violencia un enérgico: ¡Ya basta!” Luis Javier Garrido
Del régimen priista conservamos mucho, más de lo que hubiéramos esperado en el peor de los escenarios después de que con júbilo recibimos la noticia de que Vicente Fox ganaba las elecciones del 2000. Efímera pero firme fue la esperanza de la promesa de un México diferente, progresista y que ya había superado su obligado paso por el autoritarismo. En aquél año creímos que las lecciones estaban bien aprendidas. Ya no más una guerra cristera, un 68, un error de diciembre, un Fobaproa, un TLC dañino, una guerra sucia, una devaluación, un sistema “caído”, un Acteal.
Pasaron uno, dos años y seguíamos en el shock que provocó a alternancia. Tres, cuatro años y otro shock nos embargó, teníamos un presidente carismático, pero con pocas, muy pocas luces. Cinco, seis, y nos dijeron que no eran enchiladas, sacar al PRI nos iba a costar otro sexenio, qué mejor justificación para que Fox “cargara los dados” a favor de su secretario de Energía. Las viejas prácticas siguieron vigentes; el crecimiento económico, mínimo; sesgo empresarial en la “igualdad de oportunidades”; concentración de la riqueza indignante y desigualdad en aumento; fraudes; programas sociales bienintencionados y nada más; reformas condicionadas; avances pequeños; en fin, seguimos caminando en círculos dando palos de ciego con el único objetivo de mantener a la sociedad pegada al televisor y alejada de los libros.
No aprendimos la lección, Obama se equivoca al pensar que Calderón es el único frustrado, es un sentimiento generalizado, tantas luchas, tantos sufrimientos para acabar en esto. Se puede cortar con un cuchillo la desesperanza en territorio mexicano, el ¡Ya basta! ciudadano parece más una señal de cansancio que de ganas de cambiar a México, Acción Nacional ya nos ha robado esa ilusión.
Más de siete décadas actuando como súbditos en la democracia simulada nos ha acostumbrado a esperar a que alguien resuelva nuestros problemas. La cultura política de los mexicanos está aún muy lejos de ser cívica, pero o podemos seguir así, justificando nuestra inacción por sentirnos aislados gritando en el vacío, o nos ponemos a trabajar para que el cambio que otros prometieron lo logremos los ciudadanos.
Hace un año que los diputados del PRI descongelaron el dictamen para reformar la Ley de Seguridad Nacional (LSN), enviado por Felipe Calderón en 2009. Después de una larga jornada de cabildeos entre la Secretaría de la Defensa Nacional, la Marina, la nueva dirigencia del PRI, Calderón y las comisiones de seguridad en la cámara de diputados, esta semana, ante las prisas por el fin de este periodo de sesiones, ambos partidos pretenden pasar la reforma. Un auténtico atropello a los derechos que tanta sangre costaron ganar a los mexicanos de los últimos dos siglos.
Las reformas a la LSN evidencian la urgencia de Felipe Calderón por rescatar su fallido gobierno mediante una mano más dura en el “combate” al crimen organizado y los cárteles de la droga. Primero, una serie de redefiniciones y aclaraciones conceptuales sobre la seguridad y la paz, aclaraciones que más bien parecen ambigüedades y que abren la puerta a la interpretación de “amenazas” para combatir, con todo el poder México, a los mexicanos.
Después, aberración tras aberración, insultos al escaso progreso y monumentos al autoritarismo del PAN, cultivado con el PRI, las propuestas se enumeran para dar manga ancha al presidente en el manejo del ejército. Entre otras facultades, al Ejecutivo federal se le otorga la capacidad de utilizar a las fuerzas armadas sin previo consentimiento del Congreso, suspender las garantías individuales a su voluntad y reprimir protestas sociales, políticas o electorales.
Además se dota al Cisen con facultades para intervenir comunicaciones telefónicas y espionaje. Siendo los periodistas especialmente vulnerables a los planteamientos que abogan por la persecución a la “promoción” de los actos delictivos. Uniéndose a la Iniciativa México de Televisa, Calderón pretende instrumentalizar al Cisen para perseguir y castigar a quienes no se alineen al vergonzoso pacto.
A los militares no se les toca en tanto que seguirán siendo juzgados por tribunales castrenses. Quizá ésta sea la propuesta más débil de Calderón ya que parece que el PRI negociará para que sean juzgados por tribunales civiles, por supuesto en pro de las negociaciones bajo el agua, no por el interés de protección de los derechos humanos. Así mismo, las fuerzas armadas podrán suprimir el derecho al libre tránsito y detener a automovilistas para inspeccionarlos y obligarles a dar cualquier información requerida.
También se amplían las posibilidades de participación de otros países (Estados Unidos) en territorio mexicano para coadyuvar en el la lucha contra el narcotráfico. Por otro lado, se desglosan sospechosos párrafos sobre terrorismo y armas nucleares, incrementando penas y previniendo “posibles ataques”. ¿A caso estarán comprando el silencio del paranoico gobierno estadounidense? O de no incluir dichas reformas contraterroristas ¿no les preocuparía la militarización de su vecino país? Hasta ellos parecen “estar hasta la madre” de esta guerra.
Es una propuesta infame, como si 40 mil no fueran suficientes, como si no se haya ya derramado suficiente sangre. Estamos a punto de tropezar, otra vez, con la misma piedra, hoy engrandecida por el cansancio, el miedo y la desilusión que embarga a los ciudadanos. Como si fuera hoy, Monsiváis ya narró la desgracia mexicana en otro momento, una lección que al parecer no aprendimos:
“…la significación cada vez más alta de la lucha contra el autoritarismo, la constancia del carácter extraordinario de las movilizaciones, todo lo que constituye la épica del 68 y el episodio trágico del 2 de octubre en la plaza de las Tres Culturas desembocando la conclusión inequívoca: el 68 es el hecho político más relevante de la segunda mitad del siglo XX mexicano, porque conjunta la voluntad de resistencia, la lucidez de las multitudes que marchan y un espíritu que admite el calificativo de heroico, enfrentando el aparato de gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, el PRI como un solo hombre, el Poder Legislativo (con unas cuantas excepciones), el Poder Judicial.”
Vigente ¿no? El llamado a la sociedad a movilizarse en contra de esta aberración no es ocioso. Salvar a nuestro país del olvido debe ser la consigna. Un ¡Ya Basta! a Felipe de Jesús y su intento por institucionalizar su infamia; a la indiferencia de los universitarios; a la complicidad de los medios; a la permisividad de la CNDH; a la complacencia de los legisladores “de izquierda”. ¡Ya basta de lecciones no aprendidas!

















